Auditoría financiera
¿Cómo está tu empresa de verdad?
Si estás leyendo esto, seguramente tienes números por todas partes. Los que te pasa tu gestoría cada trimestre. Los que ves en el banco cada mañana. Los que llevas en la cabeza.
Y aun así, las preguntas de fondo siguen sin respuesta. ¿Vamos bien? ¿Dónde está el dinero? ¿Cuánto aguantaríamos si vienen mal dadas?
Cada año firmas unas cuentas que nadie te cuenta. Esa contabilidad está hecha para Hacienda, y para eso está bien hecha. Pero esos mismos papeles, leídos con calma — ejercicio contra ejercicio, partida a partida —, cuentan la historia completa de tu negocio.
Y esa lectura nadie la ha hecho nunca. No porque no se pueda: porque nunca ha sido el trabajo de nadie. Tu gestoría tiene el suyo, que es otro. Tu banco la hace, pero para él, no para ti.
Esta auditoría existe exactamente para eso: leer tu empresa entera y contártela en cristiano.
¿Te suena alguna de estas?
- Tu cuenta de resultados dice que ganas dinero. Tu banco dice que no. Y lo raro es que los dos tienen razón.
- Facturas lo mismo que hace tres años, o más, y cada año te queda menos. Algo ha crecido sin que lo vieras, y no sabes qué.
- La mitad de tu facturación es de un solo cliente. Lo sabes, y prefieres no calcular cuánto te cuesta aguantarle los plazos de pago.
- Este año te toca banco: renovar la póliza, pedir para invertir. Y no sabes qué foto tuya se va a encontrar el analista cuando meta tus cuentas.
- Tienes una inversión delante — la nave, la máquina, las contrataciones — y no sabes si tu caja la aguanta o te ahogas por el camino.
- Tu año es una montaña rusa: meses buenos y meses de agobio. Y nunca has sabido cuánto necesitas facturar al mes para no perder dinero.
- Te toca coger el mando de la empresa familiar, y te han entregado unos números que nadie te ha enseñado a leer.
- Acabas de llevarte un golpe de dinero: el impago gordo, el mes sin caja. Ya ha pasado lo peor, y sigues sin saber si fue mala suerte o el aviso de algo.
Y mientras tanto, el termómetro real de tu negocio es el saldo del banco: lo miras por la mañana y, según esté, respiras o no. El problema es que el saldo, por sí solo, engaña. Un saldo alto puede esconder una empresa con poco aguante detrás. Un saldo justo puede tener debajo una empresa perfectamente sana. El saldo solo dice cuánto dinero hay hoy en la cuenta — y lo que tú necesitas saber es si tu empresa va a seguir generándolo los próximos años.
Ojo con el nombre, que confunde
Hay otra cosa que se llama auditoría: la auditoría de cuentas, la que la ley exige a partir de cierto tamaño, la del auditor que firma. Esa comprueba que tus papeles estén bien hechos. No es esta.
Esta lee lo que tus papeles cuentan de tu negocio: dónde ganas, dónde pierdes, dónde tienes riesgo y cuánto aguantas. Son productos distintos, con trabajos distintos — y te conviene saber cuál de los dos necesitas. Esta distinción, además, la dejamos por escrito en la propuesta.
Qué leemos
Tres ejercicios, no uno. Las respuestas no están en la foto de un año: están en la evolución. Ponemos tus tres últimos ejercicios en paralelo y comparamos el peso de cada partida, no solo su importe: qué ha crecido, desde cuándo y a qué velocidad. Así aparece la partida que cambió de tamaño sin que nadie la viera.
Tres capas, y cada número con su criterio. Primero, la rentabilidad: cuánto ganas de verdad y dónde. Segundo, la solidez: lo que tienes frente a lo que debes, y a qué plazos. Tercero, la caja: cómo respira tu empresa mes a mes — incluida una cifra que casi ningún empresario conoce de su propio negocio: cuánto necesitas facturar al mes para no perder dinero. No te entregamos veinte números sueltos: cada indicador va con su criterio, qué significa en tu caso y contra qué se compara.
De las cuatro auditorías de la casa, esta es la única que trabaja solo sobre números. Sin visitas a tu empresa y sin entrevistas a tu equipo: tus datos y nuestro criterio. El trabajo queda entre tú y nosotros.
Las seis preguntas que salen respondidas
¿Dónde ganas y dónde pierdes?
La rentabilidad y los márgenes, hasta el beneficio por empleado.
¿Dónde tienes riesgo?
La estructura de tu balance: cuánto debes, a qué plazo y con qué respaldo.
¿Cobras bien y pagas bien?
Los días que tardas en cobrar frente a los que tardas en pagar — y lo que esa diferencia te está costando.
¿Cuánto dependes de pocos?
La concentración de tus ventas en pocos clientes, y de tus compras en pocos proveedores.
¿Cómo respira tu año?
Tu mínimo mensual para no perder dinero, y qué meses lo cubren y cuáles no.
¿Tienes pulmón para crecer?
El dinero que tu empresa necesita para funcionar día a día, cuánto es y a qué velocidad vuelve.
Cómo trabajamos: cuatro fases
Fase 1 — Recogida y depuración
Nos mandas el paquete de documentación — te damos la lista exacta: cuentas anuales, ventas, compras y gastos con las nóminas incluidas, y tu posición con los bancos. Nosotros lo verificamos y lo dejamos listo para leer. Aquí se va buena parte del trabajo real, y por eso el estado de tus datos es lo que puede mover el precio.
Fase 2 — Cálculo
Tus números entran en la herramienta de la casa, que los devuelve leídos en tres capas: el peso de cada partida, cómo ha cambiado entre ejercicios, y veinte indicadores en seis bloques — cada uno con su criterio de interpretación.
Fase 3 — Análisis y redacción
La parte que no hace ninguna herramienta: leerlo. Qué dicen esos números de tu negocio, qué es normal en tu actividad y qué no, y qué acciones salen de ahí.
Fase 4 — Entrega
Reunión final contigo: la presentación, las conclusiones y el plan de acción.
Todo puede hacerse online, de principio a fin; la reunión final, mejor en persona. Lo habitual: un par de meses desde que entregas la documentación.
Qué te llevas al terminar
Cuatro piezas:
- La memoria completa, con el análisis entero: estructura, evolución, indicadores, gráficos y conclusiones.
- La presentación de la reunión final.
- El plan de acción, en documento aparte y presentado aparte: qué corregir, en qué orden y con qué urgencia.
- Tu cuadro de mando: los indicadores que a partir de ahora te tocan vigilar, con sus valores de hoy. Es una foto fija, tuya y sin cuotas — no un programa que se actualiza solo.
¿Para qué te sirve? Depende de tu momento, y estos son los tres más habituales.
Si este año te toca banco — renovar la póliza, pedir financiación —, llegas a esa conversación conociendo tu propia foto. La misma que el analista del banco va a montar con tus cuentas cuando estudie la operación, solo que tú la tienes antes, y con margen para corregir lo que se pueda corregir.
Si tienes una inversión delante, la decides con dos datos que hoy no tienes: cuánto dinero puedes comprometer sin ahogar la caja, y cuánto tarda tu empresa en recuperar lo que vas a sacar.
Y para el día a día: sales sabiendo qué dos o tres indicadores tienes que mirar cada mes en tu caso concreto, y cuáles no hace falta que mires.
Si con el tiempo quieres que esta lectura deje de ser una foto anual y pase a ser un dato de cada mes, ese servicio existe en la casa: se llama Soporte Financiero. Te lo contamos cuando llegue el momento, y lo decides tú con las dos opciones delante.
Tus datos, como estén — con tres respuestas posibles
Hay una condición, y la decimos con todas las letras antes de empezar. Nos traes tus datos como los tengas, y pueden pasar tres cosas.
Ordenados
Empezamos directamente.
Desordenados, pero se pueden trabajar
Los ordenamos nosotros: es un trabajo aparte, con su propio precio, y lo sabes antes de empezar.
No hay nada que leer
Si no existen registros, o no se pueden reconstruir, no aceptamos el encargo. Te lo decimos de entrada.
Puede sonar duro. Es justo lo que hace que el veredicto valga: quien acepta cualquier trabajo dice lo que haga falta; quien rechaza los que no puede hacer bien, no.
Esto no es para todo el mundo
Preferimos decírtelo antes:
- Si lo que necesitas es la auditoría de cuentas que exige la ley, esta no es. Busca un auditor registrado que firme — arriba te contamos la diferencia entre las dos.
- Si tu pregunta no es de dinero — es del negocio entero, de tu equipo o de tus precios —, tu puerta es otra de las cuatro de la casa: la Estratégica, la de Roles y Procesos o la de Márgenes y Precios.
- Y si tu empresa no tiene registros que leer ni forma de reconstruirlos, no aceptamos el encargo: sin datos no hay lectura, y cobrarte por adivinar no sería serio.
Si es tu caso, no nos encargues esta. En serio.
Lo que cuesta y lo que te ahorra
Desde 15.000 € más IVA
El precio está publicado a propósito: el importe exacto depende de tu caso — ordenar datos desordenados, leer más de una empresa o más ejercicios tiene su tramo, publicado, no por sorpresa — y se cierra por escrito antes de empezar. Se paga por hitos: 3.000 € al aceptar la propuesta y tres pagos de 4.000 €.
No hacer esta lectura también cuesta dinero. No lo ves junto en ninguna factura, pero lo vas pagando poco a poco: la renovación del banco firmada más cara de lo que tocaba, el recorte hecho donde no molestaba en vez de donde hacía falta, la decisión aplazada otro año más. Y esa cuenta crece con cada año que pasa sin la foto delante.
Ejecución habitual, unos dos meses; calendario de pago fijo a tres · solo números: sin visitas ni entrevistas · si hay que ordenar datos, se presupuesta aparte y antes de empezar.
Lo que nos suelen preguntar
«Mi gestoría ya me lleva los números.»
Y que te los siga llevando. No venimos a sustituir a tu gestoría ni a revisar su trabajo: la contabilidad y los impuestos hay que hacerlos, y bien hechos son justo la materia prima de esta lectura. Lo nuestro es otro trabajo: leer esos números para ti, en profundidad, y convertirlos en decisiones. Los dos trabajos se llevan bien.
«¿Y si me decís lo que ya sé?»
Seguramente una parte la sabes, y suele ser verdad: que te pagan tarde, que los costes han subido, que dependes mucho de un cliente. Eso son piezas. La auditoría mide las que faltan y las conecta entre sí — y si la foto completa dijera solo lo que ya sabes, sobraría. Nunca dice solo eso.
«15.000 €, justo ahora.»
Para el «justo ahora» están los hitos: 3.000 € al aceptar y tres pagos de 4.000 € repartidos en el calendario — el importe completo no sale de golpe. Y si el momento de verdad no es este, es justo el tipo de cosa que se habla en la conversación de encaje, con tus números delante.
«Necesito soluciones, no un análisis.»
El parche sin diagnóstico es la compra más cara que existe: te llevas el remedio que te ofrezcan, no el que necesitas. La foto no retrasa la acción — la dirige. Y lo evidente (parar lo que hay que parar hoy) no espera al informe: se te dice en cuanto se ve.
«Eso lo veo yo con mi Excel.»
Tu hoja de cálculo tiene una virtud: es tuya y la entiendes. Pero la lectura completa — el peso de cada partida en tres ejercicios, la solidez, la caja mes a mes, cada indicador con su criterio y su comparación — no sale de una hoja propia en una tarde. Si saliera, ya la tendrías hecha.
«¿Cómo empezamos?»
Con una conversación de encaje, con tus dos últimas cuentas anuales delante. De ahí salimos sabiendo si tu pregunta es de esta auditoría — y si no lo es, cuál de la casa la responde, o si no la responde ninguna todavía. Te lo decimos tal cual.
Tus números llevan años contando la historia de tu empresa
Dónde se gana y dónde se pierde. Qué ha cambiado sin que se viera. Cuánto aguanta. Esa historia está escrita en tus tres últimos ejercicios — solo falta que alguien la lea contigo.
El primer paso es la conversación de encaje, con tus cuentas anuales delante. Si tu caso no es esta auditoría, te lo decimos ahí. Preferimos decírtelo antes.